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 Mis cuentos :) (Síndrome Neevohteb)

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Johnny_Cage_BNK
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MensajeTema: Mis cuentos :) (Síndrome Neevohteb)   Vie Ene 21, 2011 10:26 am

Comienzo diciendo que los cuentos que aquí publicaré no tienen relación con aquellos que hacía antes, sino que tienen un tema muy distinto, más serio, más poético, o más profundo. No tienen relación alguna con Saw ni nada de eso. Pero en fin, no sabía dónde publicarlos, así que lo haré aquí. Disfruten de una lectura que se aleja por kilómetros a los intestinos, a las trampas, y a sádicos juegos. (Aunque, es probable, que algún día, publique alguna historia de terror Laughing )

Bueno, comienzo con mi primera historia, donde pongo en evidencia la pasión que siento por la música...

Aquí va, disfrútenlo.




Síndrome Neevohteb

Leer partituras se transformó en algo cuadrado, y como no, si aprendí a leerlos como leo un libro. Eso era la música para mí un par de minutos antes de morir, cinco líneas escritas en paralelo donde ponían sobre ellas, en estrictas reglas gramaticales, una serie de símbolos que yo tocaba en mi piano, bueno, en el que mi padre me dio —ni me imagino el horrible dolor que él debió haber sentido cuando se enteró que su hijo había nacido con una alita rota, con los oídos sordos, incapaz de escuchar lo que él coloreaba sobre pianos y violines—. Y es que mi padre es un compositor, no muy conocido, la música de salón, clásica, orquestal, o como prefieras llamarla, es muy, pero muy mal remunerada en un país como el que vivo, Chile, y por lo que leía en sus partituras, tenía unos ritmos realmente bonitos, aunque nunca he escuchado una composición suya en vida. Según aprendí, Mozart tenía una enfermedad bastante curiosa en la que, en vez de escuchar los sonidos, los veía, transformando cada nota en un color, en vez de escuchar una canción, contemplaba un enorme cuadro de colores que cambiaba como un calidoscopio. Ojalá, además de mi sordera, hubiera nacido con esa enfermedad, al menos me habría sentado a mirar paisajes, en vez de seguir rigurosamente unas notas en tempos estrictos. Pero bueno. Amaba la música sin siquiera haberla escuchado en algún momento. Por eso me alegré como nunca antes cuando mi padre recibió la noticia que una técnica de quirófano relativamente nueva podría brindarme el don del escuchar.

—¡Podrás escuchar lo que tocas! —dijo mi padre agitando sus brazos y manos como loco.

En ese momento movía tanto sus dedos que tuve que pedirle que repitiera los movimientos para entenderle bien, porque ni los labios podía armonizar en palabras más o menos entendibles.

Así comencé a prepararme, unos ejercicios extraños en los que medían rigurosamente mi nivel de sordera, o algo así, no lo sé, yo sólo hacía lo que querían que hiciera, por mí, que me cambiaran mis orejas para escuchar, aunque no fuera culpa de ellas mi sordera.

Me sedaron y comenzó la operación. Un sueño inaudible recuerdo haber visto, algo colorido donde veía llaves de sol en todas partes, algo raro, hasta el día de hoy no lo entiendo, era como si pudiera volar, y subía y subía, rodeado por esa llave que giraba en mi entorno, claro, no había pasado mucho tiempo antes que la celosa llave de fa quisiera entrar y girar también.

Cuando desperté, me enseñaron mediante escritos que no iba a poder escuchar nada durante unos días, y que por tanto usaría unos audífonos extraños que me aislaban de toda onda sonora.

Así pasé algunas semanas, o algunos días, o no sé, aquí arriba se pierde el sentido del tiempo, para mí fueron un par de años.

El día en que me había recuperado, el día en que me quitarían los audífonos, me llevaron a un teatro, donde estaba reunida toda una orquesta preparada para darme la bienvenida. Incluso mi médico estaba ahí.

—Lo primero que harás, hijo, será escuchar lo que tocas —dijo mi padre.

La idea era fenomenal, como no, que más hermosa bienvenida que el sonido de la música entrando en mis oídos.

Entonces destaparon mis oídos con calma, con parsimoniosa lentitud, mientras estaba sentado mirando ansioso la orquesta.

De repente un portal se abrió, un nuevo mundo, un ronroneo de fondo, pero no era un gato, un cascabeleo de fondo, pero no era una serpiente, un canto de fondo, pero no era un coro. Un sinfín de sonidos que escuchaba ahora, en un salón inmenso, en un salón donde todos guardaban silencio y todo lo que escuchaba se infiltraba a través de las ventanas. Algo ululaba, algo suave se escuchaba afuera, y adentro.

—¿Estás listo? —susurró el médico.

No entendí nada de lo que dijo, pero al ver sus labios comprendí a qué se refería. Entonces asentí. Pero su voz se hizo eterna, no la escuché sólo una vez., sino unas cuantas millones, y cada una me era una sorpresa. Comenzaba a excitarme.

Me levanté de mi silla, y mi padre se acercó.

—Ten —dijo, pasándome una batuta—, dirígelos como te nazca.

Sonreí y tomé la pequeña varilla.

Caminé con pasos inseguros hacia la escalera, la subí con mis pies tiritones y me paré frente a la gran orquesta, sobre la tarima. ¿Cómo sonará un violín? Me pregunté ¿Cómo sonará un piano? ¿Cómo sonará un arpa? ¿Cómo sonará un tambor? ¿Cómo sonará todo?

Me sentí como si estuviera frente a mi destino, como si estuviera a punto de presenciar una manifestación infinita, algo celestial, algo tan grande… algo…

—Cuando quieras, querido hijo —susurró mi madre. Pero ya que le daba la espalda, no entendí lo que había dicho.

Los sujetos que en frente se sentaban me miraban con impaciencia, esperando algo de mí, esperando como si diera el primer paso, esperaban mi señal para comenzar a hacer lo suyo. Levanté la batuta levemente, y junto a ella, vi como los violinistas tomaron sus arcos y las posaron en las cuerdas de sus instrumentos. No hice nada, la batuta estaba sobre mi cabeza, trémula por mi pulso horrible y nervioso. En ese momento sentí latir mi corazón, en ese momento el silencio volvió, pero no era un silencio apagado, como el que siempre había escuchado en mi vida, sino uno vivo, un silencio blanco, tan blanco como un telar listo para pintar sobre él una obra de arte. Miré mi partitura y sabía que era lo próximo que debía hacer. Entonces bajé la batuta y un silbido, hermoso como si un ángel lo tocara, acompañado por un sonido agudo que atravesó mis sentimientos, comenzaron a propagarse por toda la sala, entrando y saliendo no por mis oídos, sino por mi cuerpo. El corazón se me aceleró y experimenté algo que hasta hoy en día no puedo describir. El sonido continuó, cambiando de nota lentamente, con sus cantos hermosos, con esos violines de apariencia débil que mostraban su enérgico sonido, como si un fénix renaciera.

Hermoso es poco. Como puede la música ser tan bella, cómo puede ser esto creación del hombre… esto no lo hizo un ser, esto siempre existió, algo tan hermoso sólo Dios pudo hacerlo.

Mi alma se desdobló, no me sentía en la Tierra, no estaban en mi mundo, la música me había trasladado a otro lugar, ya no estaba en el escenario, estaba en las nubes, estaba volando, estaba, como digo, en otro mundo, en un paraíso más hermoso que el de la Biblia, en un paraíso más hermoso que el de cualquier libro de utopías, un lugar tan hermoso y colorido que mis ojos no eran lo suficientemente hermosos como para presenciarlo, con sonidos tan hermosos que mis oídos no eran capaces de aguantarlos. Mi cuerpo no era tan hermoso como para ser acogido por la música. Entonces me di cuenta que ya no lo necesitaba. Un calor ascendió desde mis piernas y abandoné mi cuerpo, ya no oía por mis poros, oía por lo más puro de mí, oía a través de mi alma, de mi ánima, que ya no estaba dentro de un cuerpo, encerrada, sino libre, bailando en el aire acogido por el sonido. Un movimiento veloz terminó de sacarme de esta tierra simple.

La música ahora me acoge en su paraíso.



Espero que lo hayan disfrutado Laughing
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